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ANOREXIA
 
Mi vida era normal, llena de ilusiones y metas por cumplir; tenía 13 años y estaba en un equipo de voley, vivía con una familia maravillosa, rodeada de amigos inigualables y junto a un enamorado encantador.
Todo iba bien, cada vez me esforzaba más en el colegio y en los entrenamientos, me gané un viaje espectacular en mi colegio con dos de mis mejores amigas y antes de eso recuerdo que también recorrí algunas zonas preciosas del Perú. Luego de estos viajes mi pensamiento ya no era el mismo, me comenzaron a interesar cada vez más temas respecto al peso, cuerpo y comida, esto no duró un día sino que se volvió en una rutina.
 
Un día de aquellos, decidí no comer, empecé a alejarme de mis amigos, engañar a mi familia para que no me obligaran a comer, peleaba sin razón con mi enamorado, solo me interesaba no engordar y para eso descubrí que tenía que estar sola.
 
Mi enamorado empezó a darse cuenta que siempre encontraba pretextos para no comer, entonces entro en alerta, me insistía tanto con que comiera y lo terminara todo pero aún así no lo conseguía, mi imagen iba deteriorándose, ya no era Tepy ahora me llamaban simplemente “flaca.
 
Mi carácter se torno agresivo e intolerante, las discusiones con mi familia y enamorado eran constantes, peleaba todo el tiempo con mi madre, pasábamos muchas horas discutiendo, horas de estallido, sentía que ya nadie me comprendía incluso llegué a llamarla “menopáusica” porque decía que comía poco y yo me preguntaba ¿Poco? ¿Por dónde?; la enfermedad avanzaba y mis padres ya no sabía que hacer, me llevaron a especialistas, pero ninguno en patología alimentaria. Todo empeoraba cada vez más, pero era contradictorio “yo me sentida cada vez más gorda”.
 
Terminé el año escolar con un promedio bajo en el colegio, decidí dejar el voley porque me “aburría”; no le encontraba placer a nada, mi único objetivo era ser muy flaca, mientras mas peso perdía, mas gorda me veía.
Ahora estoy en Abint, curándome para vivir un mañana feliz, valorándome y queriéndome cada día.
 
Stephanie, 14 a.
 
 
BULIMIA
 
No sé cómo empezó todo. Durante la época de la niñez era una niña muy juguetona, graciosa, pero en la escuela muchas veces sufrí la discriminación por mi color de piel, me insultaban: “Negra fea”, entre otras cosas; estos insultos hicieron que yo me creara una armadura y es así que me hice líder de mi grupo de amistades para que me respetaran y no me dañaran. En casa mis papás siempre discutían, mi padre bebía mucho y recuerdo que habían peleas por gastarse el dinero o por ser día de semana y él estaba siendo insoportable, fueron tantas veces estas peleas que se hizo una costumbre, donde lo único que quedaba por hacer era rezar para que no llegaran a las manos y mientras tanto, yo lloraba en silencio.
 
La etapa de mi adolescencia, la recuerdo con mucha emoción, fue una etapa maravillosa con muchos cambios: era buena alumna, muy participativa, re-extrovertida. Tuve un enamorado que no era aceptado por mis padres y como toda adolescente me encapriche con él y tuve discusiones con mi madre, mi padre nunca decía nada las veces que estaba en casa, frecuentemente estaba de viaje y casi nunca lo veía.
 
La enfermedad empezó cuando salí de mi casa y fui a estudiar a otra ciudad, gané peso y todos me lo hacían saber de distintas maneras: “estas muy gorda”, “pareces una bola”; hasta que un día decidí ponerle fin a esos comentarios y me sometí a dietas… éstas no hacían el efecto que yo esperaba y así me pasé por varios meses intentando con una y otra, y nada… los días pasaban, me sentía sola y cada vez me aislaba mas y mas, empezó el infierno, todo el día pensaba en mi cuerpo, en el peso y la comida,. mi carácter cambió bruscamente, pues tenía peleas constantes con mi hermana y enamorado llegando a obsesionarme con él, pensaba que nadie me quería y tampoco me iban a querer, hacía de todo para agradar a mis amigos y complacer a mi enamorado, él me era infiel y lo perdoné varias veces, mi autoestima caía cada día un poco mas, él me hacía comentarios de superioridad y yo me sentía cada vez peor, me sentía tan inferior como mujer; hasta que llego el día en el que terminamos, no sabia como enfrentarlo y me dediqué a la vida bohemia, tomaba todos los fines de semanas y llegaba a casa en un estado denigrante, tenía aventuras con uno y otro chico.
 
Mi rendimiento académico bajo totalmente en la universidad llegando el noveno ciclo decidí dejarlo y es así que decidí buscar ayuda…hoy me encuentro en Abint recuperándome, siento que he vuelto a nacer, ya puedo disfrutar de las cosas que la vida nos da, mi carácter ha mejorado y la relación con mi familia también, y todo esto se lo debo a mi grupo de autoayuda, terapeutas y familiares.
 
Cecilia, 25 a. 
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