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Los Maestros y la Escuela
Todos sabemos que la Anorexia Nerviosa y la Bulimia Nerviosa aparecen en la adolescencia. Si bien la edad de comienzo ha bajado en los últimos años, el grupo de riesgo está en la escuela. Los maestros deben interesarse en esta problemática y colaborar con la familia en la detección temprana.
 
El rol docente es fundamental para formar jóvenes libres de adicciones y aptos para la vida. Por esta razón es necesario que estén debidamente informados acerca de estas patologías. Si logramos que se capaciten, potenciaremos la acción de la familia en la lucha diaria contra este flagelo. Es lógico revalorizar entonces el rol del docente en la prevención y detección temprana.
  1. La alimentación en el recreo.

    El recreo es la pausa que permite el descanso y la reposición de energías para continuar la actividad. Este tiempo de relax es importante y debe ser bien utilizado.

    Los alumnos deben ingerir alimentos adecuados que les aseguren un crecimiento normal y buen rendimiento en las actividades escolares. Si la conducta en este sentido no es la apropiada, se ha encendido la primera luz de alerta.

    Recordemos que la Anorexia Nerviosa y la Bulimia Nerviosa comienzan con una dieta.
     
  2. La actividad física y los deportes.

    La gimnasia forma parte de una vida sana. Contribuye al desarrollo armónico de nuestros jóvenes. Estimular su práctica es saludable, pero prestemos atención. La hiperactividad es uno de los síntomas de la Patología Alimentaria.

    Cuando el ejercicio se practica con el único fin de bajar de peso, en forma intensa y compulsiva y en sesiones prolongadas, no es beneficioso, por el contrario, reactiva la enfermedad.

    Cuidemos que la actividad física se realice en su justa medida.
     
  3. El perfeccionismo

    Prestemos atención al alumno ejemplar. La presentación de sus trabajos, su dedicación al estudio, sus rutinas, despiertan nuestra admiración. Lo ponemos como ejemplo ante el resto de la clase, lo consideramos “el mejor”. Este tipo de personalidad, donde el perfeccionismo se manifiesta en todo momento, es característica del anoréxico.

    Observemos entonces, ¿se muestra obsesivo con su físico? ¿se esfuerza por conseguir “el cuerpo perfecto”? ¿Cómo es su alimentación y su actividad física?

    Descubramos a tiempo la Anorexia Nerviosa. A veces esta escondida en la abanderada de la escuela.
     
  4. Los cambios de carácter.

    Esta es una señal de alerta que debe ser tenida en cuenta. La agresividad, la ira, los accesos de llanto, la inestabilidad emocional y el aislamiento están presentes en la patología alimentaria. Si advertimos estos cambios, observemos también si existen otros signos que completen el cuadro de la enfermedad.

    Observemos a nuestro alrededor. La enfermedad está en asecho.
     
  5. El “patito feo”.

    La baja autoestima, la falta de confianza en las posibilidades de éxito, hacen que un adolescente se considere un “perdedor”. Esta es una característica que acompaña tanto a la Anorexia Nerviosa como a la Bulimia Nerviosa.

    Prevengamos su aparición. Fomentemos en los alumnos la fe en sí mismos.

    Enseñemos a los jóvenes a tener confianza en sus propias fuerzas.
     
  6. La escala de valores.

    Nuestra cultura privilegia el poder, el dinero y el culto al cuerpo sobre otros valores tradicionales que se van perdiendo. Observemos con atención ¿Qué persiguen los chicos?, ¿Qué los preocupa?. Si nos detenemos a escuchar sus conversaciones no puede faltar la “dieta mágica” o el “cómo adelgazar”.

    Despertemos en ellos otros intereses; provoquemos un cambio, evitemos la lucha por el “físico ideal”.
     
  7. La falta de concentración.

    Suele ocurrir que un buen alumno baje su rendimiento, no pueda concentrarse y por momentos parezca ausente. Seguramente algo le preocupa. Averigüemos qué pasa.

    La Anorexia Nerviosa y la Bulimia Nerviosa circunscriben a quienes las padecen, a un mundo pequeño donde solo existe el peso, las calorías, la balanza y la dieta, y donde no hay lugar para proyectos ni para otros intereses que hagan posible vivir en plenitud.

    Rompamos el círculo vicioso en el que transita la enfermedad.
     
  8. La vergüenza de mostrarse.

    La distorsión de la imagen corporal que se presenta en la patología alimentaria hace que quienes la sufren, se vean “gordos” a pesar de tener una apariencia normal o bajo peso. Generalmente, por este motivo, quieren esconder el cuerpo, ocultarse ante los ojos de los demás. Se esconden debajo de ropa muy holgada, se niegan a usar traje de baño y evitan toda situación que los obligue a mostrarse.

    Enseñemos a los jóvenes a aceptarse y a quererse a sí mismos.
     
  9. El uso del baño.

    Entre las conductas purgativas, el vomito autoprovocado es muy frecuente. Se debe poner especial atención para detectar este hábito; sobre todo, después de una ingesta que habitualmente se realiza en el recreo. La vigilancia debe extremarse ya que las consecuencias de esta práctica son graves. Los vómitos frecuentes pueden producir un descenso del nivel de potasio en sangre, lo que puede ocasionar un paro cardiaco.

    Observemos con atención. Si algo anormal sucede. Hablemos con la familia. 
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