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Los Argumentos más Comunes de un Hijo Enfermo
La “verdad universal” que todo enfermo de Anorexia o Bulimia proclama es la más difícil de rebatir para cualquier padre inexperto, por lo que debemos prestarle especial atención:
  • “Estoy sano”, afirman.
Y esto es la base de sustentación de la enfermedad. También merecen un breve análisis las argumentaciones que comúnmente utilizan para justificar conductas patológicas.
  1. Estoy sano.

    Tengamos en cuenta que el paciente no tiene conciencia de enfermedad. Presenta distorsión de la imagen corporal (se ve gordo y cuando más adelgaza, más gordo se ve).

    El terror a engordar está presente y la combinación de todos estos factores da como resultado una actitud defensiva frente a la posibilidad de cualquier tipo de alternativa terapéutica “que lo engorde”.

    Ante esta situación, siempre negara la enfermedad y nunca estará dispuesto a concurrir a una consulta medica. A esta altura comprendemos que tenemos que buscar asistencia especializada a pesar de su negativa.

    No espere más. Busque un diagnóstico correcto.
     
  2. Quiero engordar, pero…

    Si nuestro hijo esta con muy bajo peso es realmente cuando mas nos alarmamos. En nuestra desesperación insistimos para que coma, aunque sea un poco. Seguramente nuestros ruegos o amenazas serán inútiles. Se seguirá viendo gordo y persistirá con su dieta.

    Sin embargo, puede ocurrir que reconozca estar flaco y que asegure que está haciendo esfuerzos por aumentar de peso sin resultado.

    En ocasiones, se animará a comer delante de nosotros para sostener su teoría.

    Esté atento entonces: ¿cuántos ayunos se alternan con las comidas? ¿Existen conductas purgativas que podamos detectar?

    Si la situación persiste, no demore la consulta médica.
     
  3. La comida me cae mal.

    Esta excusa es muy frecuente para justificar el ayuno o la alimentación insuficiente. En ocasiones, los padres angustiados deambulan por infinidad de especialistas, realizan todo tipo de estudios con resultado negativo. Pese a ello, el paciente insiste con su mal imaginario y se niega a comer.

    Investiguemos. No justifiquemos excusas para no comer.
     
  4. Ahora soy vegetariano.

    Con el aparente propósito de llevar una vida saludable, el paciente decide suprimir algunos alimentos. Lo hace con los que considera que tienen mayor valor calórico, entonces elige solo algunas verduras (a veces un poco de queso), y se transforma así en vegetariano. Defiende a rajatabla su postura y comienza a restringir cada vez más la variedad de vegetales que integran su alimentación. Prefiere generalmente el zapallo y la zanahoria, logrando de esta manera su objetivo de bajar de peso.

    Recordemos que la alimentación debe ser variada, equilibrada y completa.
     
  5. Mis ocupaciones me impiden comer en casa.

    Las tareas escolares, el trabajo, los compromisos ineludibles, los exámenes o el estudio suelen utilizarse como argumento para no comer en casa. Si dejamos que esto ocurra, no habrá tiempo para la comunicación familiar y no estaremos en condiciones de conocer la forma en que nuestro hijo se alimenta. Su objetivo es que no lo veamos comer (para hacerlo a escondidas o para no comer).

    No permitamos que esto suceda. Compartamos la mesa familiar.
     
  6. Estoy constipado, necesito una medicación efectiva.

    No se deje engañar, cada persona tiene su propio ritmo biológico. No es necesario automedicarse. Una buena alimentación y una vida sana, con hábitos regulares, es la solución que su hijo necesita.

    No permite que su hijo se automedique.
     
  7. Soy grande para que me controlen.

    Cuando esta frase se repite con frecuencia es muy posible que nuestras sospechas estén bien fundadas. En nombre de la libertad, el paciente pretende ocultar sus conductas y persistir en sus hábitos.

    Pongamos en evidencia a la enfermedad.
     
  8. Que nadie entre a mi cuarto.

    Es sorprendente conocer el cuarto de un bulímico. La experiencia va más allá de lo imaginable. Resulta ser el espacio donde todas las conductas patológicas pueden practicarse en secreto. El desorden y el caos reinan y podemos hallar desde restos de comida, paquetes de galletitas, chocolates, etc. Todo es posible.

    Pongamos orden no sólo en el cuarto. Ayudemos a nuestros hijos a ordenar su vida.
     
  9. “NO” a los tratamientos.

    “Estoy bien” o “estoy mejor” son algunas de las afirmaciones que suelen repetirse con relativa frecuencia. Ante esta situación, se responde con firmeza. No debemos ser cómplices de la enfermedad. Si hemos comenzado un tratamiento, no permitamos que se abandone. Si todavía no lo hemos hecho, comencemos ya. No aceptemos argumentos que posterguen esta decisión. Encaremos el problema. Tenemos un compromiso con la vida y con nuestros hijos.

    Cumplamos con nuestro deber de padres. Velemos por la salud de nuestros hijos. 
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