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1. ¿Estamos frente a una enfermedad 2. ¿Se trata de un capricho? Esto es lo que comúnmente se preguntan los padres y creen que seguramente debe ser así. Estamos ante una hija que se ha comportado siempre “como es de esperar”, no ha traído problemas en casa, y ahora repentinamente tiene actitudes inesperadas para nosotros. Ha cambiado el carácter, a veces es hostil o agresiva, y la armonía familiar se resiente. Prestemos atención a estos cambios. Observemos detenidamente su conducta. 3. ¿Serán problemas de la adolescencia? Pensamos que esta situación se revertirá con el paso del tiempo, que es solo circunstancial. Su interés por “estar flaca” no difiere del común de las personas. Todas las chicas están a dieta. “son cosas de la edad”. Pensamos ¿Por qué no colaborar entonces preparándole la “comida especial” que nos pide? Nos evitaremos disgustos y la complaceremos. ¿Qué tiene de malo? La dieta es la puerta de entrada a la enfermedad – No la abra. 4. ¿Qué hice mal para que esto pasara? ¿Quién tiene la culpa? Hemos llegado al punto en que la situación es casi insostenible. No sabemos qué nos pasa, qué le pasa a nuestra hija, a nuestra familia. Pensamos que todo es un caos, pero no sabemos qué nos pasó. No se atormente, reflexione, usted es un buen padre y ha hecho lo mejor que ha podido. No se sienta culpable. Busque ayuda especializada. 5. Si hablo con mi hijo, ¿entenderá y cambiará de actitud? Este es uno de los últimos intentos por revertir la situación. Lamentablemente, no da resultado. Nuestro hijo no reconoce estar enfermo, no tiene conciencia de enfermedad, por lo tanto no quiere curarse. No debemos esforzarnos en este sentido. El mejor camino es buscar una solución efectiva. Volvamos entonces al primer consejo. Consultemos a un especialista. Es el camino más seguro para preservar la salud.
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