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1. La familia como sistema. La familia debe ser un sistema ordenado si quiere ser justo. El orden significa la existencia de jerarquías que deben ser respetadas en un clima de amor y sana convivencia. Hay que prestigiar las funciones parentales, revalorizar su autoridad y toma de decisiones. En la familia los hijos aprenden a obedecer para luego poder mandar en los ámbitos donde les toque participar. Si fueron criados con amor, amarán a sus hijos. La buena comunicación entre los integrantes de la familia es fundamental. El respeto, el saber escuchar u el expresar con claridad las ideas y opiniones forman parte del ejercicio diario que debemos practicar. Todo padre debe ejercer en plenitud el derecho y el deber de educar a sus hijos. El rol que cada uno ocupa en la familia debe estar claramente definido. Para interactuar convenientemente deben respetarse reglas básicas de convivencia. Si la paz y la alegría están presentes, todo resulta armonioso y grato.
2. Las reglas de convivencia. Los padres tienen la noble tarea de educar a sus hijos. Para ello, además de defender los valores tradicionales es necesario tener pocas reglas, claras y sencillas. Partimos del principio básico de honrar y respetar a los padres. Se debe tener una idea abarcativa de Dios, del bien y de justicia. El amor debe acompañar todos los actos de la vida. En este contexto es necesario tener en cuenta lo siguiente:
3. Los roles. No debe existir enfrentamiento entre el rol paterno y materno, son funciones complementarias basadas en el respeto y en el amor mutuo. La madre tiene una función privilegiada como dadora de vida y proveedora del lenguaje. El padre esta biológicamente preparado para proteger a su familia. Los hijos deben ver que existe una alianza indestructible entre los padres en cuanto a los principios que sustentan la convivencia y los proyectos de futuro por los cuales luchan. En los casos de padres separados o familias incompletas, deben reforzarse algunos roles. Los padres separados, ante la enfermedad de sus hijos deben unir criterios para enfrentar el problema y actuar en concordancia para no perturbar a sus hijos. El amor a los hijos debe prevalecer sobre cualquier diferencia que exista entre los padres.
4. Reflexiones. Como padres debemos realizar acciones que implican sacrificios o renuncias, pero siempre están guiadas por el amor. Esto forma parte de un accionar que tiene como objetivo educar según los principios que elegimos, defendemos y practicamos. Luchamos por mantener la familia unida, aprendemos a querer a nuestros hijos sin egoísmos. No vivamos la vida por ellos. Tengamos nuestros propios intereses y proyectos individuales. Fomentemos la autonomía de nuestros hijos y su independencia, que sean seguros de sí mismos, buenas personas. La cultura que se vuelve en contra de los padres y de los viejos está condenada a la destrucción. Defendamos estas verdades que son atemporales. Su existencia protege la vida, implica orden y jerarquización y nos da la exacta medida de nuestro “estas en el mundo”. |


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